GESTIÓN DE LOS ENVASES

 

Cuando el envase deja de cumplir la misión para la que fue creado, éste se convierte en un residuo y es entonces cuando hay que recuperarlo para hacer posible su reciclado.

Para poder reciclar los envases de los productos que consumimos habitualmente, primero hay que separarlos en grupos, según la naturaleza del material del que estén hechos, y luego depositarlos en los contenedores de recogida selectiva instalados en las calles de nuestro municipio.

Así, los envases de cartón y papel procedentes del contenedor azul van directamente a los recuperadores y recicladores que con ellos, y tras una clasificación en función de las calidades y su posterior reciclaje, producirán nuevo cartón y papel.

En el caso de los envases ligeros del contenedor amarillo, nos encontramos con tres grupos muy distintos: envases de plástico, envases metálicos y briks. Antes de enviarlos a sus respectivos recicladores, hay que separarlos también en las plantas de selección y clasificación de envases. En estas plantas, de las que hay más de 90 repartidas por toda la geografía española, se separan los envases ligeros procedentes del contenedor amarillo en al menos las siguientes fracciones: de los metales, acero y aluminio; de los plásticos, PET, polietileno de alta densidad y plástico mezcla; y finalmente los briks.

Cada fracción se dirige a su correspondiente reciclador. Este se encargará de transformarlos en nueva materia prima, con la que fabricar nuevos envases o cualquier otro producto en el que se utilicen estos materiales, como por ejemplo: piezas de automóvil, tuberías, fibras textiles, etc.